Teresa Royo talavera

 

PREMIO IX CONCURSO LITERARIO DE LA ESCUELA DE ARTE.
MODALIDAD: RELATO CORTO.

El departamento de Lengua Castellana y Literatura ha celebrado su IX Concurso Literario en la modalidad de relato corto y poesía.
En relato corto resultó ganadora Teresa Royo Talavera, con la obra de título: Juanvi "La Bufona" al pueblo de la Escuela de Artes, que os presentamos a continuación.

Juanvi "La Bufona"
“Me pareció escuchar que por estos lares un concurso de literatura ha sido convocado, y yo, como curiosa bufona que soy, no quisiera morirme sin haberme presentado... Buenas gentes, soy Juanvi "La Bufona", aprendiz de Juamba, el mejor bufón del mundo. Pero no se crean que yo nací con el arte de la bufonería corriendo dentro de mí. Si me dejan unos minutos les contaré como llegué hasta aquí, qué me llevó a ser bufona y para que hube de venir.
Nací en 1217, en Daroca, durante el reinado de Jaime I "El Conquistador". Hija de una pareja de campesinos como otra cualquiera. Me crié entre el trigo y la cebada, con la compañía de mi abuelo que un sinfín de cuentos me contaba. A pesar de que mi madre decía que de tanto cuento me iba a quedar atontada y que los cuentos eran sólo fantasías... Yo escuchaba embelesaba. Cuando contaba con siete años mi abuelo murió y como ya era mayor para escuchar cuentos, mi madre empezó a enseñarme los quehaceres de una buena mujer y esposa, aunque ser ama de casa no era lo que más me entusiasmaba. Mi madre ponía empeño en enseñarme y me encomendaba tareas para que por mí pudiera valerme... Pero siempre lo hacía mal, provocando la risa de todos los demás. Así que como ustedes podrán deducir me críe sin amigos, pero a mi no me importaba, era feliz, recordaba los cuentos que mi abuelo me contaba y soñaba que algún día por un caballero sería rescatada.
A la edad de catorce años todas las muchachas de mi pueblo estaban ya a punto de casarse, mientras que yo seguía tirando al suelo todo aquello que por mis manos pasase, aunque créanme que era sin querer. Menudas riñas me echaba mi madre, ella pensaba que si aún no tenía con quien casarme era por lo torpe que era, y algo de razón debía tener, pues a los diecisiete años aún estaba en casa ayudándole a coser.
Una mañana me mandó a coger los huevos que las gallinas habían puesto. Salí rezando por que al menos llegasen vivos tres o cuatro. Los metí en la saca que llevaba en la cintura con todo el cuidado del mundo por si acaso el más mínimo roce los pudiera romper, miré al horizonte y la luz de algo más fuerte que el sol me cegó y caí desmayada dándome un coscorrón. Desperté atontada y adiviné que algo extraño había pasado, ese no era mi hogar y mucho menos mi corral. Pensé que algunos bandidos me habrían raptado y que estaría en otro reino en un lugar lejano... Me levanté y con la vista aún nublada a mi alrededor miré, parecía el mercado de mi aldea, pero un tanto cambiado, aunque los puestos y los comerciantes si parecían de mi época, había unos detalles que parecían muy raros. Paseando descubrí lo que en verdad quería ser...bufona para hacer reír a la gente, y tampoco se me podía dar mal, ya que desde siempre provocaba la risa siendo yo sin más. Me fijé en ese personaje que entretenía a las gentes y era muy admirado, me hice hueco entre la concurrencia para ponerme a su lado. Era el bufón más guapo que jamás había visto. Intenté imitar lo que él hacía con los 3 huevos que habían sobrevivido a mi caída, pero sólo conseguí que sin mucho éxito cayeran sobre mi cabeza y me manchase de yema, de nuevo había vuelto a hacer el ridículo y lo que es peor... delante del bufón que se reía de mí, como es su labor. La gente me abucheó, y sin ningún miramiento contra mí se abalanzó. Entonces cómo si lo hubiera soñado, el bufón lanzó sus mazas, la gente se despistó y con un gran salto de la muchedumbre me sacó. Mereció la pena mancharme de yema, porque el bufón en mi caballero se convirtió y salvó la situación. Gracias a Juamba me enteré que al igual que él, yo, también en el tiempo me podía mover.
Con el paso de los siglos hicimos buena amistad, me aceptó como aprendiz, aunque a decir verdad yo le veo como algo más. Quién sabe, igual un día aprendo a malabarear y a base de cariocas logro que de mí se empiece a enamorar. Y mi cometido no era otro, pueblo de la Escuela de Artes que pasarme por este concurso y usar el papel y la pluma como se hacía antes, para poder seguir viajando por el tiempo no sin antes decir esto... Juamba TE QUIERO!!”

Desde el pueblo de la Escuela de Arte queremos, Teresa, darte la enhorabuena.