11 de Marzo de 2010
¿Café solo o ilustrado? Alberto Aragón

Parece que el invierno se resiste a dejarnos este año. Es una tarde fría, ventosa y desapacible. Sólo la certeza de que anochece más tarde nos garantiza que la primavera está próxima.

Hoy compartimos el café con Alberto Aragón. Es uno de esos ilustradores del cual conoces más obra publicada de la que piensas. A veces de forma inconsciente porque le he “leído” durante muchos años en las páginas del Heraldo de Aragón sin advertir que Mandrake es Alberto y que Alberto es Mandrake (o era, hasta hace poco).

En la distancia corta, Alberto transmite una gran serenidad. Una tranquilidad y sosiego al expresarse que contagia, que te anima a participar en una cita que muy pronto dejó de ser un monólogo. Su cercanía y su amable carácter abrió la puerta a un agradable diálogo con el resto de asistentes.

Durante más de hora y media, Alberto nos mostró trabajo impreso de su trayectoria y proyectó otros desde su Mac, incluso sesiones de fotos y avances de proyectos todavía sin publicar. La charla transcurrió a través de reflexiones y verdades de la realidad profesional del ilustrador, su ritmo de vida y de trabajo. A mí siempre me impresiona la tiranía del trabajo en prensa, los plazos de entrega, la velocidad de trabajo... dan mucho vértigo para alguien que no acostumbra a llevar su ritmo de trabajo. 


Hablamos, cómo no, de técnicas de ilustración, del proceso creativo y de los cada vez más escasos momentos para realizar bocetos. Otro aspecto que siempre inquieta a los estudiantes es la disyuntiva de ser un ilustrador versátil o tener un estilo muy definido, donde se posicionó circunstancialmente en el primero de los casos. También surgió su etapa de estudiante en la Escuela de Arte, hablamos del ciclo de ilustración y de sus virtudes, de los concursos, de colegas de profesión...


Me gustó cómo transcurrió la tarde. Me marche a casa acompañado de nuevo por el maldito cierzo, pero con cierta sensación de gratitud hacia un profesional como él, que con transparencia y naturalidad me ha hecho reflexionar de nuevo acerca del valor del esfuerzo personal diario: Hay que trabajar duro.

Aunque claro, con vocación y talento, trabajar duro debe de hacerse mucho más llevadero...¿no Alberto?

Rafa Pueyo.

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