Café solo o ilustrado
DE CAFÉS E ILUSTRACIONES

Por Raquel Garrido Martos.

Las enseñanzas artísticas no pueden permanecer encerradas en sí mismas, necesitan vincularse al mundo laboral y deben brindar a sus alumnos la oportunidad de contactar con la realidad profesional.
Con este objetivo surgió hace un par de años en la Escuela de Arte de Zaragoza la iniciativa de programar un ciclo de charlas con ilustradores en activo. La idea era propiciar el encuentro de nuestros alumnos de los ciclos superiores de Ilustración y Gráfica Publicitaria con profesionales del mundo de la ilustración y el diseño gráfico en un ambiente distendido, lejos del formato de conferencia, favoreciendo, a través de la proximidad física, la cercanía del invitado en otros sentidos. El ilustrador podría mostrar sus originales y explicar a través de ellos su forma de trabajo y tanto los alumnos como los profesores interesados tendrían la posibilidad de preguntar dudas e intercambiar impresiones. Así nació: “¿Café sólo o ilustrado?”.

En estos dos años hemos disfrutado con la compañía de nueve ilustradores: J.L. Cano, Ana Lartitegui, Elisa Arguilé, Alberto Gamón, Jesús Cisneros, Pablo Amargo, Alberto Aragón, Elena Odriozola y Francisco Meléndez. Han compartido con nosotros, además del café y las pastas de una conocida marca blanca, sus trabajos, sus consejos y sus anécdotas y, a partir de todo ello, podemos hacernos una idea ajustada del panorama de la ilustración hoy en día, de la gran diversidad que encierra el oficio y arte de los ilustradores.


Café: Se denomina al alimento consumido frecuentemente como bebida que se obtiene por infusión a partir de los frutos y semillas del cafeto que contiene una sustancia estimulante llamada cafeína. A partir del tueste de otros frutos se pueden obtener imitaciones del mismo llamadas sucedáneos.

Una ilustración es fundamentalmente una imagen. Pero decir esto no bastaría para definir el concepto puesto que, evidentemente, cualquier imagen no es una ilustración.
Existe un elemento inherente a la ilustración sin el cual no podemos denominar a una imagen como tal; una sustancia estimulante llamada comunicación. Sin ella una imagen puede ser pintura, puede ser arte gráfico o puede ser, simplemente, un mal sucedáneo.
En este sentido la ilustración puede tener muy diversas funciones; explicar historias, facilitar la comprensión de un texto, simbolizar contenidos, provocar reflexión, crear opinión, impactar al espectador… Además de comunicar, la ilustración tiene la virtud de, en los casos que se requiera, evocar o provocar emociones y sentimientos.
Hace tiempo que la ilustración dejó de ser algo meramente decorativo. Una ilustración ha de comunicar algo a alguien. Esto lo hemos podido apreciar a través de los trabajos que nos han ido mostrando nuestros invitados; cuando captábamos los mensajes escondidos en las acuarelas de Ana Lartitegui, cuando sonreíamos ante las, en ocasiones, disparatadas imágenes de Francisco Meléndez, o cuando pillábamos la ironía socarrona de los dibujos de J.L.Cano. .


El café fundamentalmente es de dos especies: Robusta y Arábica. Dentro del primero se distinguen otros tipos como: Comilín, Kouilloi, Niaouli o Uganda. También en el Arábica existen múltiples variedades, entre las que destacan: el suave de Colombia, el Tarrazú de Costa Rica, el Blue Montain de Jamaica, el Moka yemení, el Peaberry de Tanzania, o el Kopi Luwak. A menudo se realizan mezclas de cafés para conseguir combinaciones equilibradas o complejas.

Tradicionalmente la ilustración ha ido ligada al mundo editorial. A partir del siglo XIX con el auge del cartelismo se incorporará un nuevo e importante sector, el publicitario. Actualmente dentro de estos campos profesionales nos encontramos, a su vez, un gran abanico de posibilidades.
En el primero de ellos, el editorial, la variedad es enorme; la ilustración científica o técnica, el cómic, la ilustración de moda, el libro infantil, el libro para adultos, las portadas de discos, libros o películas, la infografía, la viñeta periodística, la tira cómica,… El segundo abarca fundamentalmente el cartel, pero también todo lo relacionado con el packaging. En los últimos años a estos ámbitos profesionales se han añadido la imagen de animación y la realizada para creaciones digitales.

Lo cierto es que muchos profesionales de la ilustración trabajan en varios de estos campos simultáneamente para poder satisfacer sus necesidades económicas por un lado y sus necesidades artísticas por otro.
No se paga igual todo el trabajo de ilustración, de ahí la recomendación que Francisco Meléndez lanzó a los oyentes aspirantes a vivir profesionalmente de la ilustración de que se dediquen al libro de texto. Un terreno bien pagado y sin complicaciones artísticas o conceptuales. Curiosamente su opción personal es muy distinta. Se trata de un ilustrador de reconocido prestigio que habiendo podido vivir holgadamente de la ilustración decidió trabajar en algo alejado totalmente de ese terreno para tener cubiertas así sus necesidades pecuniarias y poder hacer sólo aquellas incursiones en ilustración que le estimulen personalmente, como las actividades que lleva a cabo con niños y adolescentes a través de la asociación cultural al-Mayari-Valmadrid.

El veterano José Luis Cano explicó cómo compaginar la realización de viñetas diarias para prensa con la ilustración de libros y la pintura. El trabajo de un ilustrador de prensa es “de hoy para mañana”. Los plazos de entrega son tan cortos que no se puede esperar la visita de la inspiración. Se trata de un género que requiere, además de rapidez de ejecución, grandes dosis de ingenio e ironía.
Uno de los terrenos que permite mayor libertad creativa es la ilustración infantil. El ilustrador que trabaja para el sector infantil no está presionado por los estresantes plazos de entrega de la prensa ni se ve limitado por la rigurosidad realista de la ilustración didáctica o científica. Sin embargo, está sujeto a otros condicionantes.
El artista de la ilustración infantil ha de cumplir requisitos que dependen de aspectos comerciales que valora unilateralmente la editorial. El editor, en base a sus propósitos comerciales, determina la cantidad de ilustraciones, su tamaño, el tipo (doble página, sencilla, viñetas,…), el formato y el tiempo en que debe realizarse. Estas especificaciones pueden referirse en ocasiones a aspectos más artísticos como técnicas, color, o incluso estilo de las imágenes.
El ilustrador también va a depender en gran medida del texto, que en algunos casos puede ser escrito por él, pero en otros, la mayoría, por un autor diferente.
Pero si algo condiciona la ilustración infantil es el hecho de ser para niños.El ilustrador se enfrenta a un público muy especial con unas características muy concretas. En los libros dedicados a los más pequeños, por ejemplo, el ilustrador ha de conseguir que el niño prelector pueda, a través de la imagen, interpretar la historia que un adulto le leyó con anterioridad o que le está leyendo en ese momento. Y, por encima de todo, tiene que conseguir cautivar al pequeño para que éste no rechace el libro.
De cualquier forma el álbum infantil es un campo que produce grandes satisfacciones personales, que no económicas, a sus autores. Por eso aunque hay algunos ilustradores que se dedican en exclusividad a la ilustración infantil, como Cisneros o Lartigui, otros lo hacen sólo de forma ocasional, para satisfacer sus intereses artísticos, y desarrollan el grueso de su trabajo en otros ámbitos.

Por otra parte, en ilustradores como Alberto Gamón, Alberto Aragón y Pablo Amargo pudimos constatar que cada vez es mayor la interrelación entre ilustración en general y diseño gráfico. Algunos ilustradores utilizan en su trabajo técnicas o recursos de diseño gráfico, pero es que, además, son muchos los ilustradores que realizan encargos de diseño gráfico que generalmente, están mejor remunerados que la ilustración puramente editorial.
Ambas circunstancias se dan en Alberto Gamón que no renuncia a su personal estilo al enfrentarse al encargo de un cartel, demostrándonos siempre que la funcionalidad no está reñida con la creación artística y que a Picasso o a Léger nos los podemos encontrar en un cartel de bomberos.

Especialmente vinculada con el diseño gráfico está la ilustración de viñetas para artículos de prensa y revistas y la dedicada a las portadas de libros. En los trabajos de Pablo Amargo podemos reconocer lo que prima en este tipo de imágenes; el mensaje. Estas ilustraciones, que deben basarse en la economía de recursos expresivos para llegar al espectador de forma rápida y eficaz, demandan del ilustrador gran capacidad de síntesis conceptual.
Amargo se deja llevar por la intuición para realizar lo que él mismo llama microgramas, unos pequeños dibujos previos de los que brotan las ideas.

Diseño gráfico e ilustración se fusionan especialmente en un terreno que cada día tiene mayor importancia en los medios de comunicación; la infografía.
Se trata de proporcionar una gran cantidad de información de la forma más visual posible, a través de mapas, gráficos y viñetas realizadas por ordenador. Según Alberto Aragón la infografía tiene una demanda creciente y, paradójicamente, no abundan los profesionales que se dediquen a ella.

Express, instantáneo, de cafetera italiana, de émbolo, café de puchero, de calcetín , de melita, cafetera tipo nespresso,…

Un aspecto que condiciona el resultado final de una ilustración, su sabor, intensidad y aroma, es la técnica con la que ha sido realizada.
El ilustrador elige la técnica, en caso de que no venga impuesta por el editor, para realizar su trabajo. Esa elección dependerá de varios factores.
El ilustrador tiene en cuenta las posibilidades expresivas de cada técnica, su adecuación al tipo de texto que acompaña, y al público al que va dirigida.
Valora, además, otros aspectos como el tamaño de la imagen, el medio al que está destinada (cartel, prensa, libro, portada, caratula…), su soporte, el tipo de papel y de tintas que se vayan a utilizar para imprimir, la terminación en brillo o mate…
Pero el ilustrador valora también otros factores más personales como los efectos que quiera conseguir, las sensaciones que desee transmitir, su estilo personal y, por supuesto, la habilidad en el manejo de una u otra técnica.

Las posibilidades técnicas de la ilustración son muchas y diversas y las comparte en gran medida con la pintura y con el arte gráfico; acuarelas, temperas, acrílicos, tinta, grafito, lápices de colores, pastel, rotuladores, aerógrafo, ceras, óleos, collages, foto de objetos tridimensionales, xilografía y linóleo y otras técnicas de estampación…
Lo más frecuente es que en un mismo trabajo el ilustrador utilice varias de esas técnicas, hablamos así de técnicas mixtas que ofrecen resultados muy versátiles...

Ana Lartitegui, por ejemplo, suele trabajar, tal y como nos explicó y demostró, con acuarelas. Su gran dominio de esta técnica le permite un resultado en el que el amor al detalle es digno de los pintores flamencos.
Gracias también a las sucesivas capas de acuarela consigue transmitir efectos lumínicos como los reflejos en el cristal, brillos de los metales, la transparencia del agua, etc. E, incluso, gracias a los retoques con ceras y temperas, sensaciones como la aspereza del terreno, o el mullido de la hierba. Pero previamente, en el caso de esta ilustradora, existe una fase de trabajo conceptual que comienza con un embrión gráfico o story board que recoge todas las ilustraciones del libro de forma muy esquemática. Es fundamental para crear las composiciones y ver el cuento en conjunto. Además realiza algunos bocetos previos a color. La ilustradora se confiesa más preocupada por la composición, los escenarios y la atmósfera que desea conseguir en las ilustraciones que por el tratamiento de los personajes.

En cambio, para Elena Odriozola, ilustradora de gran reconocimiento sobre todo por sus trabajos para niños, los personajes, son una constante preocupación. Personajes rotundos y voluminosos que, sin embargo, parecen flotar sobre las páginas de sus libros recordando a las figuras femeninas que protagonizan las obras de la pintora impresionista Mary Cassat.

Tintas de colores y acuarelas forman parte de las técnicas con las que trabaja habitualmente. Pero el aspecto tan particular que tienen sus ilustraciones se debe a los arabescos que crea mediante el estampado de diferentes texturas a partir de telas y papeles con relieves y todo tipo de materiales. Un trabajo preciso y meticuloso dirigido por su vocación de perfeccionismo que tiene como resultado unas imágenes delicadas, sugerentes y poéticas que delatan inequívocamente su autoría.

Muy diferentes resultan las ilustraciones de Elisa Arguilé que suele preferir, generalmente, el color opaco, sólido, de las temperas y una limitada gama de colores oscuros, aún cuando trabaja para ilustración infantil.

Desde su punto de vista, no hay diferencia entre trabajar para adultos o para niños. Lo importante para ella es conseguir el tono adecuado para la historia, y a eso dedica gran parte del trabajo inicial. Elisa Arguilé dice no creer en eso que llamamos el estilo de un artista o ilustrador y presume en sus entrevistas de carecer de estilo. En cada ocasión, en cada libro, se inventa a sí misma. Encuentra una manera diferente de expresarse para cada historia, el tono apropiado en cada caso. Esa es una de sus principales cualidades que hace de ella, paradójicamente, una ilustradora tan personal. En el caso de su libro El león Kandinga el tono es ese aspecto étnico que transmiten sus ilustraciones que sirven para ambientar a la perfección un cuento tradicional africano. Lo consigue utilizando dos técnicas aparentemente poco lucidas a las que, sin embargo, saca gran partido; lápices de colores y rotuladores. Mediante los lápices de colores genera un fondo estampado de un color amarillo pálido y sobre ese tapiz, que va variando a lo largo del cuento, coloca los personajes resueltos con un marcado contorno trazado con rotuladores. El resultado es una estética arriesgada que en ocasiones está próxima a la abstracción.

Alejadas totalmente de la abstracción están las siempre maravillosas ilustraciones de Francisco Meléndez. Su habilidad para el dibujo queda patente cuando utiliza el lápiz, la tinta china o incluso el bolígrafo; técnicas que subrayan la importancia de la línea frente al color. Con una incomparable maestría en el dibujo consigue crear personajes y atmósferas de épocas pretéritas de gran realismo y detallismo, cercanas, por otro lado, a la caricatura decimonónica y dotadas siempre de enormes dosis de fantasía.

Hasta aquí hemos hablado de técnicas tradicionales de ilustración, pero desde fines de los años 90 tras la realización de las ilustraciones mediante estas técnicas llega el tratamiento por ordenador. Al principio este proceso se realizaba en la propia imprenta sin la participación del ilustrador pero, poco a poco, la familiarización con las nuevas tecnologías ha llevado a que el mismo ilustrador sea el que da un tratamiento digital a las imágenes, aportando en esta fase los últimos retoques y determinando el aspecto final.
Con el nuevo siglo se ha generalizado la utilización de las tecnologías digitales entre la mayoría de los ilustradores Tras un tiempo en el que algunas voces reclamaban la pureza de las técnicas tradicionales y argumentaban la frialdad de las imágenes digitales, un gran número de ilustradores ha sucumbido ante las ventajas y las grandes posibilidades estéticas del ordenador.

Hoy en día debemos distinguir entre: ilustración realizada con técnicas tradicionales exclusivamente (cada vez más escasa), con técnica tradicional y ordenador (lo más habitual), y las que se han realizado íntegramente con la herramienta informática.

Jesús Cisneros nos mostró como se puede aprovechar el ordenador para sacar más partido a las ilustraciones realizadas de forma tradicional. Para su álbum Ramón, utilizó diversas técnicas, sobre todo la acuarela, el collage, las ceras y el dibujo a tinta china. Prácticamente cada una de las partes de la ilustración las efectuó por separado para luego escanearlas y montar la composición final en el ordenador con Adobe Photoshop. Cada uno de los elementos, árboles, personajes, animales, etc los realizó con técnicas tradicionales, manchas de acuarela para fondos, nubes, cielo, vegetación..., monotipos de tinta para los troncos de los árboles, dibujos a tinta para los personajes y losdecorados, tiza para la lluvia,... No utilizó efectos ni texturas creados por el ordenador. Éste lo utiliza en la fase final como si fuera una mesa de mezclas, fundamentalmente para dar color a los dibujos de tinta y para cortar y pegar.


Directamente con el ordenador se realizan normalmente las viñetas para artículos de prensa, que suelen ser imágenes muy sencillas visualmente pero con gran carga de contenido. En ellas prima lo comunicativo por encima de lo estético y podemos decir que el aspecto funcional e impersonal que aporta el ordenador resulta idóneo en ese sentido. Se trata de trabajos cuyo plazo de entrega es a lo sumo tres días y de ilustraciones que, en la mayoría de los casos, tienen un origen ya virtual, sin bocetos previos. Asistimos así a la desaparición de los llamados “originales”, tan valorados tradicionalmente en ilustración.
Los programas más utilizados por los ilustradores son el Adobe Photoshop, el Adobe Illustrator y el Macropedia Freehand. La mesa de dibujo se completa con el scanner y la cada vez más presente paleta gráfica.
La ilustración con el ordenador abre la puerta a un sinfín de efectos y texturas, algunos de ellos imposibles de conseguir de otra forma, y permite en algunas tareas una mayor rapidez. La tecnología digital es la gran revolución en el mundo del arte hoy día y la ilustración no es ajena a esa revolución.

Cortado, solo, con leche, descafeinado de máquina, descafeinado de sobre, americano, corto de leche, con la leche fría, templada, caliente, largo de café, sin azúcar, con mucho azúcar, capuchino, carajillo,…

Llegados a este punto podemos escoger entre una amplísima carta de ilustraciones. En función de nuestros gustos y preferencias personales e incluso de nuestros estados de ánimo, podemos elegir dentro de una enorme y sabrosa variedad.
Podemos optar, por ejemplo, por saborear un café sólo, concentrado y repleto de aromas intensos como las portadas de Pablo Amargo.
O quedarnos con la intensidad del chispeante carajillo de las viñetas de José Luis Cano.
O bien decidirnos por disfrutar lentamente del placer de beber a pequeños sorbitos como un café con leche con aroma de vainilla las evocadoras ilustraciones llenas matices y de dobles sentidos de Ana Lartitegui.
¿Y si nos dejamos llevar por la sutil armonía de la espuma y el cacao en un capuccino con las sugerentes ilustraciones de Elena Odriozola?...



 
Página inicio